Satélites Naturales
de Urano
Lunas de Urano
Ariel

El británico William Lassell, fabricante de cerveza (con cuyos beneficios financió sus telescopios) y astrónomo aficionado (fue el primero que observó una luna orbitando Neptuno), descubrió Ariel (y Umbriel) el 24 de octubre de 1851.
El satélite Ariel es casi esférico, el cuarto más grande de Urano (ligeramente menor que Umbriel) y el 14º de los satélites conocidos del sistema solar.
Está formado principalmente, como el resto de grandes lunas de Urano, por cantidades aproximadamente iguales de hielo de agua y roca de silicato. Se estima que tiene un núcleo rocoso rodeado por un manto de hielo. Además se ha detectado dióxido de carbono en Ariel.
Ariel tiene la superficie más brillante y, posiblemente, la más joven entre todas las grandes lunas de Urano. Sin embargo, al igual que las otras cuatro grandes lunas, no refleja más de un tercio de la luz solar que las golpea. Esto sugiere que sus superficies se han oscurecido por un material carbonoso. El brillo de Ariel aumenta drasticamente cuando está en oposición. Esto indica que su superficie es porosa, proyectando sombras que disminuyen la reflectividad cuando se ilumina en otros ángulos.
Su reflectividad media es del 25—30%, que aumenta hasta el 45% en algunas áreas brillantes que, probablemente, son hielo de agua dulce, quizás excavado por impactos.
Las mediciones han demostrado que la temperatura de la superficie de Ariel aumenta y disminuye rápidamente según recibe o no la luz solar, sin un retraso de inercia térmica. Eso apoya la imagen de una superficie porosa, que tendería a aislar la luna y evitaría que el subsuelo se calentara. Esta textura podría ser el resultado de eones de golpes de micrometeoritos arando el suelo.
Parece que tiempo atrás Ariel sufrió suficiente calentamiento para permitir la diferenciación (una separación en la que el material más pesado se hunde hacia el núcleo y el material más ligero flota en o cerca de la superficie). Muestra signos de actividad geológica más reciente que en el resto de satélites, quizá producto del las interacciones de las mareas con Urano, que pueden proporcionar una fuente importante de calor.
Ariel tiene una órbita regular, esto es, prógrada, casi circular y de muy baja inclinación respecto a Urano. Al orbitar en el plano ecuatorial del planeta y ser este plano perpendicular a la órbita de Urano alrededor del Sol, el satélite tiene un ciclo estacional extremo. Al igual que el resto de satélites del gigante helado, se formó probablemente a partir del disco de acreción que rodeaba a Urano tras su formación.

Tiene rotación síncrona (rotación y traslación duran lo mismo). Por ello, como las otras grandes lunas de Urano, Ariel mantiene la misma cara hacia Urano mientras orbita el planeta.
Tiene pocos cráteres grandes y muchos pequeños, señal de que las colisiones de bajo impacto, muy recientes, acabaron con los cráteres grandes de los grandes impactos muy anteriores.
También se cree que Ariel tuvo la actividad geológica más reciente de las lunas más grandes de Urano. Está atravesado por grabens, o fallas, que delimitan valles transversales con cráteres de impacto superpuestos. Muchos de estos valles están parcialmente llenos de depósitos más jóvenes de algún material desconocido.
Leprechaun (328 km) y Sprite (305 km) son los valles más grandes, con diferencia, del satélite. Sus nombres se corresponden a duendes de la mitología irlandesa y celta.
Ariel es el nombre de un personaje tanto en «La tempestad» de Shakespeare» como en el poema de Pope «La violación de la cerradura». Esta luna fue nombrada Ariel por Sir John Herschel (hijo del descubridor de Urano, Sir William Herschel) a pedido del descubridor del satélite, William Lassell.
En «La tempestad», Ariel es un espíritu que sirve a Prospero, un mago que rescató a Ariel de un árbol en el que había sido encarcelado por una bruja llamada Sycorax. Tanto Próspero como Sycorax fueron tomados como nombres de otras lunas de Urano.
En la obra de Pope, Ariel es una sílfide que narra el poema satírico.