Constelaciones
Pegaso
Origen/mitología
El nombre de la constelación procede del conocido caballo alado de la mitología griega, según la cual nació cuando Perseo decapitó a la gorgona Medusa y la sangre que brotó de ella se mezcló con la espuma del mar, aunque en algunas fuentes se atribuye la paternidad de Pegaso a Poseidón dios de los mares. Fue el primer equino en estar entre los dioses; era el caballo de Zeus, dios del Cielo y de la Tierra.
Se narra que Atenea llevó a Pegaso al Monte Helicón, donde, con una simple patada, creó el manantial de Hipocrene, consagrado a las Musas y fuente de inspiración poética, ya que de él brotaba un agua que dotaba a quienes la bebían con la capacidad de escribir poesía.
Pegaso aparece relacionado con el héroe Belerofonte, quien a lomos del equino alado logró matar a Quimera, bestia de múltiples cabezas (entre ellas una de león y otra de cabra) que asolaba los territorios de Licia. También gracias a este corcel, Belerofonte venció a las amazonas. Sin embargo su ambición desmesurada obligó al caballo a llevarlo al Olimpo para convertirse en un dios, despertando la ira de Zeus quien, envió un mosquito que picó el lomo de Pegaso Belerofonte cayó al vació, sin morir, quedando lisiado y condenado a vagar apartado del resto del mundo. En tanto, Pegaso permaneció con los dioses en el cielo donde se inmortalizó como una constelación.
Muchos estudiosos afirman que las fuentes clásicas nunca presentan a Perseo montado a lomos de Pegaso, puesto que volaba gracias a las sandalias aladas que le había obsequiado Hermes, sin embargo esta asociación se produjo ya en la Antigüedad, probablemente en la época arcaica (un perido de la historia de la antigua Grecia), ya que Hesíodo aplica a Perseo el epíteto «jinete» y Ovidio afirma inequívocamente que cabalgó «sobre un caballo con alas». Es más, las primeras representaciones plásticas de Pegaso montado por Perseo se remontan igualmente a la Antigüedad, dado que una placa de cerámica del siglo V a. C. muestra al héroe con la cabeza de Medusa y a lomos de un caballo que, si bien no lleva alas, debe identificarse con Pegaso, dado que en otra placa cerámica Belerofonte también cabalga sobre un caballo no alado.
En la antigua Persia, Pegaso fue representado por el astrónomo al-Sufi como un caballo completo mirando hacia el este, a diferencia de la mayoría de los otros uranógrafos, que habían representado a Pegaso como la mitad de un caballo, saliendo del océano.
En la citada representación de al-Sufi, la cabeza de Pegaso está formada por las estrellas de la constelación del Lagarto. Su pata delantera derecha está representada por β Peg (Scheat) y su pata delantera izquierda está representada por η Peg, μ Peg y λ Peg; sus patas traseras están marcadas por 9 Peg. La espalda está representada por π Peg y μ Cyg, y el vientre está representado por ι Peg y κ Peg.
En la astronomía china, la constelación moderna de Pegaso se encuentra en La tortuga negra del norte. En la astronomía hindú, la Gran Plaza de Pegaso contenía las mansiones lunares 26 y 27; más específicamente, representaba un armazón de cama donde descansaba la Luna. Para los pueblos Warrau y Arawak de la Guayana, las estrellas de la Gran Plaza, correspondientes a partes de Pegaso y de Andrómeda, representaban una parrillada, llevada al cielo por los siete cazadores del mito de Siritjo.