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Satélites Naturales
de Júpiter

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Europa

Montaje (acelerado 8x) del sobrevuelo bajo de la luna Europa de Júpiter utilizando datos recientemente procesados ​​del orbitador Galileo de la NASA, con imágenes tomadas entre 1996 y 1998 (NASA / JPL-Caltech / Kevin M. Gill).

Descubierta, junto con las otras 3 lunas mayores de Júpiter, por el astrónomo italiano Galileo, en los primeros días del año 1610.

La más pequeña de las lunas galileanas y la segunda en distancia al primario, Europa es la sexta en tamaño del total de satélites conocidos del sistema solar, con un diámetro ligeramente inferior al de la Luna. Sin embargo debido a su superficie formada por hielo de agua, refleja un 5,5 nás la luz del sol que la Luna. Por cierto, esa luz solar tarda 45 minutos en llegar a Europa y es, por esa distancia, 25 más débil (como en Júpiter y resto de lunas jovianas)) que en la Tierra.

Está bloqueada por la gravedad con Júpiter, por lo que el mismo hemisferio de la luna siempre mira hacia el planeta. Su órbita, que dura 3,5 días alrededor del planeta gigante, es elíptica, por lo que grandes mareas generadas por la gravedad de Júpiter suben y bajan (cuando está en el punto más próximo al gigante el lado cercano de la luna sufre la gravedad de Júpiter con más fuerza que su lado lejano y esta diferencia cambia a medida que Europa orbita). Este amasamiento de las mareas provoca un calentamiento por fricción dentro de Europa, que es lo que mantiene líquido el océano de Europa y podría resultar fundamental para la supervivencia de organismos simples dentro del océano, si es que existen. De hecho, el calentamiento de las mareas también podría provocar una actividad volcánica o hidrotermal en el fondo marino, proporcionando nutrientes que podrían hacer que el océano sea adecuado para la vida.

Este océano tendría el doble del volumen de todos los océanos de la Tierra juntos, a pesar de que la luna joviana tiene solo el 6% de la superficie de la Tierra (la cuarta parte de su diámetro). Esta región oceánica es uno de los lugares más esperanzadores en la búsqueda de vida extraterrestre. En ello radica la inmensa importancia dada al estudio de este satélite. Europa tiene abundante agua y los elementos químicos adecuados, a pesar de las dificultades energéticas, que es el tercer requisito sine qua non para la aparición de vida conocida.

Animación del corte de Europa en dos ciclos orbitales en que se ilustra el calentamiento por fricción con el resplandor rojo en el interior del manto rocoso de Europa y en la parte inferior y más cálida de su cáscara de hielo, el cual mantiene líquido el océano subsuperficial del satélite (NASA / JPL).

El estudio y la confirmación in situ de este océano interno será la prioridad de la próxima misión con destino a Europa: la de la nave espacial Europa Clipper (ya en desarrollo) de la NASA, en colaboración con el JPL (Jet Propulsión Laboratory, del Caltech —Instituto de Tecnología de California, EE. UU.—) y el APL (Applied Physics Laboratory, en Maryland, EE. UU.).

El estiramiento y relajación de la superficie de la luna que crean estas mareas son, muy probablemente, la causa de la existencia de las largas fracturas lineales sobre la superficie helada de este satélite. A lo largo de estas numerosas fracturas de Europa, y en áreas manchadas a lo largo de su superficie, hay un material marrón rojizo cuya composición no se conoce con certeza, pero probablemente contiene sales y compuestos de azufre que se han mezclado con el hielo de agua y modificado por la radiación. Las sustancias detectadas en la superficie pueden ofrecer pistas sobre el potencial de la luna como mundo habitable.

La nave Galileo en sus numerosos sobrevuelos a Europa, entre 1995 y 2003, fue crucial para revelar pozos y cúpulas que sugirieron que la capa de hielo de Europa podría estar agitándose lentamente o por convección debido al calor inferior. Las fracturas lineales largas suelen tener solo uno o dos kilómetrosms de ancho, pero pueden extenderse miles de kilómetros a través de la superficie de Europa.

No debe ser una superficie muy antigua teniendo en cuenta el escaso número de cráteres observables (solo tres mayores a 5 km, de los cuales el mayor es Pwyll, de 39 km de diámetro). Se ha estimado su edad en menos de 100 millones de años (lo cual no es mucho en comparación con otras, como la superficie de Calisto, que cuenta con algunos miles de años de antigüedad).

Europa cuenta con una tenue atmósfera compuesta de oxígeno, entre otros gases.

Esquema de la posible salida de vapor de agua desde el océano de Europa al exterior (NASA / JPL-Caltech).

Se cree que Europa tiene una estructura diferenciada, formada por un núcleo de hierro, un manto rocoso y un océano de agua salada, como nuestro planeta. Sin embargo, a diferencia de la Tierra, el océano de Europa se encuentra debajo de una capa de hielo, probablemente de 15 a 25 kilómetros de espesor, y tiene un profundidad estimada de 60 a 150 kilómetros.

La nave Galileo detectó que el campo magnético de Júpiter cesaba al derredor de Europa. La conclusión fue que había un campo magnético dentro de Europa generado por una capa profunda de algún fluido conductor de electricidad debajo de la superficie. El cúmulo global de agua salada es la más lógica explicación, y es otra base de sustento de la teoría del océano «europeo».

El Hubble detectó vapor de agua sobre el polo sur de Europa e 2012, y evidenció que podría estar lanzándose agua al espacio, o sea, Europa podría ser una luna actualmente activa. Además los datos de la sonda Galileo parecen constatar que esas columnas existen y alcanzarían una altura de 160 km sobre la superficie. Si este hecho se confirma y esos «chorros» están vinculados al océano, futuras expediciones espaciales podrían estudiar estas columnas de agua, como hizo la Cassini cuando muestreó la columna de la luna Encelado de Saturno, y analizar las muestras desde la orbita.

Incluso si no se estuviesen produciendo esas expulsiones, según un estudio de 2018 las muestras del océano de Europa podrían congelarse en la base de la capa de hielo de la luna, donde el hielo hace contacto con el océano. Como la capa de hielo se distorsiona y se flexiona debido a las fuerzas de las mareas, se elevaría hielo más cálido y menos denso, llevando las muestras del océano a la superficie donde una nave espacial podría analizarlo de forma remota, utilizando instrumentos infrarrojos y ultravioleta, entre otros.